Pedro Hernández-Guanir
MI PADRE DECÍA QUE, EN LA GUERRA, O TE MUERES, O TE CURAS PARA TODA LA VIDA
Anoche me acosté a la una de la mañana, apurado por enviar
con urgencia la corrección del “dummy” (encuadernación previa) del libro “CIENCIA
Y ARTE DE LA SUPERACIÓN: Energías alternativas de la mente”, que me publica la
Editorial Trillas en México, cuya portada muestro en imagen.
Ahora, acabo de tener una sesión de psicoterapia
vía online con una persona que ha ido superando muy bien los estados de pánicos
que sufría. Tomás, llamémosle así, es profesor sanitario que ha visto con
satisfacción ser capaz de conquistar el timón de su barco a la deriva.
Es evidente
su avance al haber desaparecido las molestias corporales, la ansiedad y la fobia
a salir de casa. Ahora, en el encierro, sigue bien, pero se siente apático por
las mañanas, le ha resucitado su antigua angustia y las pesadillas nocturnas.
No entendía por qué le ocurría eso, si ya había recuperado
su bienestar. Yo le dije, entonces, que está bien adueñarse del timón del barco
en situaciones de normalidad, pero el mejor entrenamiento, es hacerlo en estado
de guerra. Por eso le recordé la frase de mi padre: EN LA GUERRA, O TE MUERES,
O TE CURAS PARA TODA LA VIDA.
No
bastaba con frase, había que practicar. Así, en la sesión de hoy, con los
ejercicios, detectamos las pelusas o psicovirus “debajo de la alfombra” que
inculca el veneno de “la serpiente”.
El psicovirus más peligroso era el de ¿CÓMO
ES POSIBLE QUÉ? de las contrariedades. Concretamente, quedó al descubierto, por
una parte, la carga imprevista de diversas obligaciones online, además del
cuidado de su familia, pues sus vacaciones empezaban ahora, al terminar el
semestre.
Por otra parte, la imposibilidad de hacer ejercicios, como tantas otras
personas, de salir al campo, al aire libre. Por otra, la catástrofe del
coronavirus, muriendo gente, y la falta todavía de cuidado en los mercados o en
el transporte.
La angustia, vivida en ese momento a nivel
máximo, 10, bombardeando esos psicovirus, logramos disminuirla a cero.
Se sintió
feliz con capacidad de transmitir su bienestar a toda su familia. Era una demostración más que tenía que seguir haciendo la Técnica de Bombeo Terapéutico (TBT),
pero, sin autoengaños, bombardeando los psicovirus que la serpiente oculta bajo
la alfombra.

