jueves, 26 de marzo de 2020

DIARIO ANTIVÍRICO O te mueres o te curas para toda la vida






Pedro Hernández-Guanir

MI PADRE DECÍA QUE, EN LA GUERRA, O TE MUERES, O TE CURAS PARA TODA LA VIDA


Anoche me acosté a la una de la mañana, apurado por enviar con urgencia la corrección del “dummy” (encuadernación previa) del libro “CIENCIA Y ARTE DE LA SUPERACIÓN: Energías alternativas de la mente”, que me publica la Editorial Trillas en México, cuya portada muestro en imagen.  



 Ahora, acabo de tener una sesión de psicoterapia vía online con una persona que ha ido superando muy bien los estados de pánicos que sufría. Tomás, llamémosle así, es profesor sanitario que ha visto con satisfacción ser capaz de conquistar el timón de su barco a la deriva.

Es evidente su avance al haber desaparecido las molestias corporales, la ansiedad y la fobia a salir de casa. Ahora, en el encierro, sigue bien, pero se siente apático por las mañanas, le ha resucitado su antigua angustia y las pesadillas nocturnas.

No entendía por qué le ocurría eso, si ya había recuperado su bienestar. Yo le dije, entonces, que está bien adueñarse del timón del barco en situaciones de normalidad, pero el mejor entrenamiento, es hacerlo en estado de guerra. Por eso le recordé la frase de mi padre: EN LA GUERRA, O TE MUERES, O TE CURAS PARA TODA LA VIDA.

No bastaba con frase, había que practicar. Así, en la sesión de hoy, con los ejercicios, detectamos las pelusas o psicovirus “debajo de la alfombra” que inculca el veneno de “la serpiente”.

 El psicovirus más peligroso era el de ¿CÓMO ES POSIBLE QUÉ? de las contrariedades. Concretamente, quedó al descubierto, por una parte, la carga imprevista de diversas obligaciones online, además del cuidado de su familia, pues sus vacaciones empezaban ahora, al terminar el semestre. 

Por otra parte, la imposibilidad de hacer ejercicios, como tantas otras personas, de salir al campo, al aire libre. Por otra, la catástrofe del coronavirus, muriendo gente, y la falta todavía de cuidado en los mercados o en el transporte.

 La angustia, vivida en ese momento a nivel máximo, 10, bombardeando esos psicovirus, logramos disminuirla a cero.

 Se sintió feliz con capacidad de transmitir su bienestar a toda su familia. Era una demostración más que tenía que seguir haciendo la Técnica de Bombeo Terapéutico (TBT), pero, sin autoengaños, bombardeando los psicovirus que la serpiente oculta bajo la alfombra.