lunes, 29 de agosto de 2022

 

CUATRO NÁUFRAGOS

Focalización en la carencia, en la tenencia y en mi esencia

 Pedro Hernández-Guanir

 


Dos parejas, una, Max y Judith, y la otra, Rosendo y Catira, disfrutaban cada fin de semana, alquilando una embarcación por unos 100 euros al día, sin tener que preocuparse por el barco, ni por saber navegar, pues contaban con un piloto experto a su servicio.


Vista esta satisfactoria experiencia, decidieron alquilar una embarcación de recreo, continuando sus viajes de recreo, siendo ellos mismos los que gestionaban y pilotaban la nave, semana tras semana. El resultado pareció óptimo y cada vez se adentraban en nuevas zonas desconocidas.

Hasta que un día, que iban disfrutando en la barca, quizás con más alcohol de lo aconsejable, se quedaron sin combustible. Las corrientes los desviaron de su ruta, y vararon, de forma estrepitosa, contra unas rocas, perdiendo todos los enseres y medios de comunicación, en un punto deshabitado del océano, una pequeña isla a unos 200 km. de su punto de inicio.

    ¿Sobrevivieron al naufragio? Muchos piensan que, en caso de quedarse a la deriva y acabar en una isla desierta, sería algo así como participar en Supervivientes o, en caso más grave, vivir la experiencia de Tom Hanks en Náufrago.

   




Lo que ellos no sabían es que era bastante más duro que eso. Por ejemplo, se puede beber agua del mar, pero no de cualquier manera, porque podría ser letal; y se necesita una serie de recursos y herramientas para poder sobrevivir, aunque lo más importante era mantener la calma y agudizar el ingenio…


Esto es lo que pretendía Max, inculcándoselo a los demás, pero no era fácil, porque brotó, en esas agudas circunstancias, los patrones o moldes mentales encubiertos de cada uno.


Mientras Max, con serenidad y disposición superadora, proponía construir una especie de choza en la que cobijarse con los materiales de la selva, pues era lo único que tenían a mano, Judith, su compañera se alteraba, lloraba y culpabilizaba a todos de aquel desastre.

 

En Judith operaba su nocivo molde mental de “FOCALIZACIÓN EN LA CARENCIA”, comparando esta situación deplorable con su anterior vida en casa e incluso con los viajes con un piloto experto, por lo que se angustiaba y se enfurecía culpabilizando a los demás de haber evitado esa catástrofe, poniendo nerviosos e irritables a los demás:


—Yo sabía que esto iba a pasar, yo sabía que no se estaban tomando las suficientes medidas de control, yo lo sabía… Pero ¿por qué me he dejado guiar de esta forma absurda? Ahora, sin comida, sin casa, sin teléfono, sin televisión, sin nada… En este destierro, en esta agonía, sin que nadie nos venga a salvar… Me hundo y me destrozo, cuando pienso en el café humeante y caliente del desayuno, en las rebanadas de mermelada y mantequilla, en el baño con sales, en la cama mullida, en el sofá o en la serie turquesa de televisión… A menuda mierda nos ha llevado esta disparatada aventura…


Rosendo, mientras tanto, procuraba tranquilizar y sosegar a Judith y a todos, haciendo uso de su molde mental opuesto al de Judith y que podríamos denominar “FOCALIZACIÓN EN LA TENENCIA”:

—Está claro que esto es una catástrofe, un desastre, algo impensable, ninguno de nosotros podía imaginar, pero tenemos la suerte de que estamos vivos, de que nadie está accidentado, de que hemos encontrado esta tierra, porque podíamos estar a la deriva sin llegar a ninguna parte e incluso quedarnos en medio del mar con el barco hundido… Yo pienso que debemos estar agradecidos por estar vivos y todos juntos aquí… No era difícil que alguno de nosotros se lo llevara el oleaje… Ahora, tenemos que aprovechar para sobrevivir y hacer señales de socorro…


     
        Su discurso enfurecía aún más a Judith, pero animaba a Marc y a Catira… 

Esta última podía haberse derrumbado, pero puso en juego su hábito mental, que podríamos titular como “FOCALIZACIÓN EN MI ESENCIA”, por lo que procuró aislarse, a modo de TBT, sacar dentro de sí sus miedos con respiraciones profundas, convertir el trágico escenario, con su inteligencia virtual, en una bonita aventura, hasta encontrarse con su YO PROFUNDO que le permitía empoderarse, sentirse plena, conectada con todas las energías del universo, y experimentar que sobrevolaba, como un ser divino, sobre el mundo, viendo, insignificante, desde lo alto, toda la desagradable situación del naufragio.

Esta es una historia que merece ser continuada, pero, por ahora, lo que hay que remarcar el papel nocivo del molde “focalización de la carencia”, pues tiene una alta correlación con infelicidad, a diferencia del molde opuesto de “focalización en la tenencia”, que se relaciona con bienestar subjetivo o felicidad y, sobre todo, el poder asombroso que proporciona la “focalización en mi esencia”, haciendo emerger el poder del Yo profundo, de sentir su presencia, sin más, disfrutando de sí mismo y de su conexión trascendental.