SECCIÓN 1ª del
pregón ENTRE LA FE, LA CIENCIA Y LA MAGIA, a propósito de las Fiestas de SAN
DIEGO EN LA LAGUNA
Realizado por Pedro Hernández Guanir
13 de noviembre de 2014
Centro
Ciudadano San Diego San Cristóbal de La Laguna
Se parte del baile de las cintas para ir
desarrollando diferentes aspectos sugeridos de lo que supone las Fiestas de San
Diego del Monte, en La Laguna (Tenerife)
Buenas noches y felices fiestas a todos los vecinos de San Diego,
especialmente, a ustedes, como asistentes a este acto, a quienes pido
disculpas anticipadas por si me extiendo, pero prometo no sobrepasar
los 50 minutos.
Tengo que mostrar mi satisfacción y gratitud a la Asociación de Vecinos
por invitarme a poder compartir, con ustedes, algunas reflexiones históricas,
costumbristas, psicológicas, incluso, metafísicas, y por eso el título:
SAN DIEGO: ENTRE LA FE, LA CIENCIA Y LA MAGIA
Un título, excesivamente pretensioso por querer ahondar, en tan poco tiempo, el inquietante y eterno
planteamiento que implica la ciencia y las creencias, la realidad y la mente…
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Sin embargo, lo que más quisiera
resaltar es que San Diego, el convento, la religión, la fiesta o las brujas,
el mundo, está ahí, construido externamente por nuestros actos, aunque en función de
nuestra propia mente. Pero, además, es nuestra mente la que interpreta ese mundo o
universo externo.
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Todavía más, con el conocimiento e interpretación de ese mundo externo,
cada persona va construyendo, vamos construyendo, un universo interno propio. Y algo más, vamos
desarrollando el poder de nuestra mente, capaz de llegar a situaciones impensables. En
definitiva, la mente es el verdadero centro del universo.
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1. EL BAILE DE LAS CINTAS
Es una danza que recuerdo bailar en mi pueblo, San Juan de la Rambla, con 8 años, no sé si celebrando la
Santa Infancia, u otro motivo. No hace un siglo, pero bueno. Lo llamábamos el baile de la
lanza, seguramente, porque el palo fuera inicialmente una
lanza.
En torno a
ese palo central y desde su parte superior cuelgan las cintas que cogen los
bailadores y se alternan en rueda, evolucionando en sentido contrario, al
ritmo generalmente del tajaraste, tejiendo y destejiéndolas en torno al palo
como proyecto grupal.
¿De dónde procede el baile de las cintas?Pueblos primitivos, incluido los guanches, tomaban al árbol o la piedra
como centro de ceremonias, con saltos y danzas, hasta derivar en las cintas.
Actualmente se registra en lugares como el País Vasco, algunos países de
Latinoamérica, así como en varias localidades de Tenerife, incluyendo este
barrio de San Diego, en el que hace unos años Cristina Viera declaraba en La
Opinión que: «Esta danza con la que yo me crié y aquí estoy, se ha mantenido
gracias a la tradición de un grupo de familias laguneras». Mientras, Juan
José Pérez resaltaba que este baile en San Diego tiene una influencia
religiosa, por encima de la pagana.
Repito, que voy a tomar este baile de las cintascomo una metáfora para desarrollar mi exposición.
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El baile de las cintas como metáfora. Vamos a considerar, como símbolos, las dos condiciones principales
que deben mantener los bailarines en la danza.
Una es la de precisar los movimientos de entrelazarse y, otra, expresar el entusiasmo y ritmo. También vamos a tomar
como símbolos los colores de las cintas, el palo y también el terreno.
Las dos condiciones indicadas coinciden con los dos mayores anhelos del
ser humano: controlar la realidad y disfrutar de ella.
Para desarrollar ese control sobre la realidad y disfrutar, contamos y
manejamos, al menos cinco habilidades, que los representamos por cinco
colores de las cintas.
Con el color verde, representamos el poder que adquirimos con la experiencia y el aprendizaje.
Con el color amarillo, el poder de la seguridad, afecto y autonomía, adquirido por la
convivencia o poder social.
Con el color rojo, el de la fe o de la religión.
Con color violeta, la fantasía o la magia.
Con color azul, el de la ciencia y de la tecnología.
Luego, consideraremos el palo central de la danza donde se apoyan todos los poderes, que lo
representamos por el poder del Yo o de la Mente.
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2. EL TERRENO
Por último, ¿dónde situamos el terreno que nos va a servir de apoyo? Pues lo ponemos
en Icod de los Vinos.
¿Por qué? Primero, no porque esté al lado de San Juan de la Rambla, sino
porque el animador del barrio y de la asociación, que me ha encargado esta
exposición, es nuestro amigo Miguel Díaz, nacido en Icod.
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En segundo lugar, Icod de los Vinos es de los pocos pueblos, donde hay referencia
escrita de esta danza. A mitad el siglo XIX (1850), la pintora Elizabeth Murray escribe en
referencia a los carnavales: «Delante de una de las principales casas vi una
‘cuadrilla’, un grupo de ocho o diez jóvenes, vestidos a la antigua usanza de
la isla, con unas alegres cintas de variados colores que colgaban de sus
sombreros. Uno de ellos sostenía un palo, de unos doce pies de alto. Desde su
parte alta, unas cintas de seda estaban atadas en número igual al de los
danzantes que se unían en aquel regocijante ejercicio alrededor de él ».
Y así prosigue con todo tipo de detalle, tal como lo recoge Manuel
Hernández en su libro Las Tradiciones Icodenses.
Si utilizamos esta metáfora,
donde el terreno lo representamos por Icod de los Vinos, ahora ya podemos
empezar el baile considerando los dos movimientos de la danza, que son controlar la realidad y disfrutar de ella.
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En el baile, cada bailarín, mientras se mueve en oposición a otros, debe
saber pasar su cinta. Esa es la precisión y control.
El niño, desde que nace, quiere controlar el mundo y se agarra
fuertemente al dedo que se le acerca. Luego aprende a andar, leer,
contar u ordenar… La humanidad, también, desde sus orígenes, ha tratado de
controlar o dominar la realidad, construyendo, cultivando, domando, creando
tecnología, medicamentos o transportes. Incluso, en ese control de la
realidad, está el control y manejo de uno mismo.
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3b. DISFRUTAR DANZANDO O DISFRUTAR DE LA REALIDAD
En el baile se precisa que los bailarines expresen sus sentimientos a
través de su cuerpo y disfruten danzando.
El niño, desde que nace, disfruta mamando o sonriendo con los demás.
También, la humanidad, desde sus orígenes, o nosotros, procuramos hacer lo
que nos gusta y disfrutar de lo que hacemos. Compartir alegrías, encuentros o
parrandas, celebrar fiestas y actos, como éste… o expresar
nuestros sentimientos, reírnos, bailar, como el Baile de las Cintas, romper
la monotonía, como las vacaciones o la tradicional Fuga de los
estudiantes…
¿Qué necesitamos para tener ese control sobre la realidad y disfrutar?
Contar y manejar ciertas habilidades o poderes, que vamos a representar por
los colores de las cintas.
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4. CINTA VERDE O EL PODER DE LOS HECHOS, DE LA EXPERIENCIA Y DEL APRENDIZAJE
El poder que adquirimos con la experiencia y el
aprendizaje va generando hechos.
Así,
estamos en este acto, porque nos apoyamos en el poder de las costumbres y
organizaciones, como son, leer el pregón, celebrar la Fiesta de San Diego,
contar con la asociación de vecinos. Y si yo estoy leyendo ahora es por el
poder que me dan ciertos hábitos y aprendizajes que me permiten reflexionar y
comunicarme con ustedes.
Dentro de los hechos y la experiencia, lo primero, en
este caso, a considerar es lo que implica San Diego del Monte, la Ermita y Ex-convento
de San Diego, regido por los franciscanos, que se encuentra los
extramuros de la ciudad.
¿Cuál es la historia de la ermita y del
convento?
En aquella época, en plano económico, no había acciones en bolsas, pero
había gente que invertía su patrimonio en la otra vida. Así, en 1615, Don Juan de Ayala Dávila y
Súñiga, un noble de la ciudad, dispuso que sus bienes y derechos fueran para
la fundación de un monasterio o convento, que estuviera
regido por los franciscanos descalzos de San Diego. Tuvieron que pasar más de 30 años, en 1648, para formarse la comunidad monacal con
doce religiosos, siendo su primer vicario el padre Gonzalo Temudo. La
construcción definitiva del edificio se concluyó en 1672,
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¿Por qué los franciscanos?
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4º. Después de la Batalla de Aguere, en la conquista de Tenerife, los franciscanos, que, habían acompañado a Fernández de Lugo, acamparon en la pendiente de El Bronco usando casetas de palmas hasta la construcción del convento y Santuario del Cristo. Fue, por lo tanto, la orden religiosa de mayor influjo social y religioso en las islas, levantando numerosas residencias, hospicios y conventos. |
5. CINTA AMARILLA. EL PODER SOCIAL, LA
CONVIVENCIA Y LA FIESTA
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¿Cómo se
festejaba al santo?
En Fuerteventura, Alcalá, México o en
San Diego de California, Estados Unidos, se celebra, tal día como hoy,
13 de noviembre, la fiesta del santo.
Aquí, ya en los años veinte del siglo
pasado, la prensa local la describía como de las más típicas de La Laguna:
Junto a la pintoresca ermita «se efectuará esta noche la tradicional
librea de barcos, danzas, machangos y quemándose al final algunas piezas de
fuego de artificio. Mañana habrá función religiosa y procesión del Santo a lo
largo de la avenida y por la tarde música y paseo en la plaza de la ermita y
romería a la casa del Siervo».
Se solía añadir algo importante y era
la tradicional danza de las cintas que, a ritmo de tajaraste, tejen los
danzantes en torno al palo.
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¿Y por qué la fuga de San Diego?
La tradicional fuga, no de San Diego, sino de los
estudiantes por San Diego, empieza, más o menos, por esta misma fecha de los
años 20 del siglo 20, entre 1919 y 1921, coincidiendo, según Enrique Roméu
Palazuelos o Carlos García, con la llegada del catedrático Diego Ximénez de
Cisneros al Instituto Canarias Cabrera Pinto de esta ciudad.
¿Qué ocurrió? Los alumnos que, como el resto de la
gente, acudían a la romería de San Diego, el 13 de noviembre, el catedrático
les puso ese día un examen. Ellos, entonces, decidieron no asistir a clase. Ahí
empieza la fuga, que se ha venido repitiendo por tradición cada año, y que se
recoge en un verso popular, que dice:
«Día de San Diego/fuga general, /las buenas
costumbres/hay que respetar».
Pero, más tarde, ante los suspensos con que castigaban
la fuga los profesores, los estudiantes recitaban:
«Día de San Diego/cero general, /las malas
costumbres/se han de terminar».
Sin embargo, lo más llamativo eran los botones… Los
alumnos, en lugar de estudiar, preferían pasárselo bien ese día, y pedirle el
aprobado al santo… contando los botones.
¿Cuál es el misterio de los botones?
Aquí está el poder de la fe y de la magia.
Los estudiantes copiaron, según recuerda Eduardo
Rodríguez, vecino de esta zona, el modo tradicional que tenían las mujeres
solteras para conseguir novio, es decir, contando los botones del
santo. No, no, del santo, no. Ellos pensarían que era un santo, pero, no,
eran los botones de la estatua de Don Juan de Ayala, el fundador del
convento… No sé cuántos favores divinos habría hecho este hombre sin ser
santo… Vete a saber… De todas formas, la mente es un océano desconocido con
una profundidad y extensión sin límites…
La tradición señalaba en que se aprobaría todas las
asignaturas si se lograba contar todos los botones… No es fácil: ¿16, 23,
24?, pues hay botones en los zapatos, en las mangas y otros están
ocultos.
Pasó el tiempo, y los estudiantes acudían a San
Diego, visitaban la ermita, pasaban el día por el monte o iban a los bailes
de salas cercanas. Algunos practicantes de la fuga todavía pícaramente
comentan: «Siempre deseábamos que lloviera en los bailes de San Diego, porque
así abríamos el paraguas y eso nos daba ocasión para arrimarnos más las
parejas». Pero, ¿qué pasó con esta tradición?
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